Paso a paso


Primero, una mirada.


Esa mirada que descubre tu alma, la recorre, y hace que toda tu piel se estremezca; comienzas a temblar. Esa mirada te funde, entra dentro de tí y sabes que no hay nada que puedas ocultar; se lo revelas todo, tan solo con esa mirada...


Ahora, estudias esa mirada; el color de sus ojos se convierte en tu color preferido; su expresión de graba a fuego en tu mente, no quieres olvidar ni un solo detalle.


Luego, una caricia.


Primero, alza despacio su mano; vacilante al principio, luego decidida, para más tarde hacerlo con una ternura infinita. Ternura que te dedica solo y exclusivamente a ti. Notas, en el momento en que sus dedos rozan tu piel, que ambos os estemeceis hasta lo más profundo de vuestro ser. Percibes su pasión y su cariño con el suave recorrido de su dedo sobre tu piel; cuando investiga cada rincón de tu cuerpo, al tiempo que tu disfrutas con la respuesta incontrolable de los escalofrios que suben por toda tu espalda, reaccionando a su contacto. Esa caricia se prolonga; crece; se mueve, y continúa su recorrido, conociéndote poco a poco. Al igual que tu no quieres olvidar cada detalle, él quiere recordar cada centímetro de tu ser. Tu corazón, incontrolable, no solo comparte el estemecimiento de tu cuerpo, sino también su pasión.


El camino de sus dedos no se detiene; sigue sigue su recorrido. Ahora es él el que se acerca. Muy, muy lentamente; quiere asegurarse de grabar en su mente bien cada segundo junto a tí. Su mano se detiene al final de tu espalda, y vuelve; desde la nuca sigue con un solo dedo la curva de tu espalda, y disfruta de tu piel temblorosa bajo su contacto.... Pero todo de una forma muy suave, lenta, pausada, pero sobre todo profunda. Mientras el dedo traza su camino, él traza otro muy distinto. Se acerca a tí, casi con temor; se acerca poco a poco, su cabeza junto a la tuya; sus labios, también muy temerosos, muy cerca de tu oído, y aun más de tu corazón.


La mirada...


La caricia...


Y ahora el siguiente paso... Sabes que lo hará; esperas que lo haga. Como si él también lo deseara, y complaciendo a tu conciencia, te susurra, sólo a ti, esas dos palabras. Dos palabras que consiguen cambiar el mundo; el tuyo. Don palabras con las que te entrega su corazón, y la llave de plata que lo abre.


Con tal sinceridad y ofrecimiento de sentimientos, no puedes más que corresponderle, porque lo mismo que él siente, lo sientes tú. Con tamaño regalo que te ha entregado, solo puedes responder de una manera, y es entegándole el tuyo. ¿cómo? Lo haces despacio, ya segura de que es lo que buscabas, lo que querias; y te ha escogido sólo a ti. Sinuosa, empieza tu juego; ahora te toca a ti. Lentamente, alzas los brazos, recorriendo su cuerpo hacia arriba, aprendiendote su forma, buscando finalmente el cuello, donde tus manos, con toda tu ternura y cariño, se enredan en su pelo; allí donde te enganchas y de donde nadie podría sacarte. Te separas un poco para poder mirarle a los ojos, de ese color especial, tu preferido; una mirada intensa, muy intensa, donde se lo dices todo, se lo pides todo; es algo tan grande, tan fuerte, que todo lo demás desaparece y no hay nada más que esa conexión.


Sólo queda un paso.


El último paso.


Al igual que en una danza, sinuosa, pasional, compleja y muy natural, es el más importante; el que más cosas expresa.


Y ambos dais ese paso. Os acercais el uno al otro, no muy seguros de si con miedo, con angustia, demasiado rápido, demasiado lento... Da igual.


Finalmente os encontrais; dos labios unidos por un solo sentimiento, dos sentimientos gemelos unidos por un beso.


Y eres la persona más feliz del mundo entero... =)



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