Secreto

Pongo mi mano
Alrededor de tu cuello.

No te hago daño
sólo aprieto un poco,
hasta que eres muy consciente de mis uñas presionando tu piel.
Una piel que,
sin poder controlarse,
se eriza bajo mi tacto.

Acto reflejo, inspiras.
Tu pecho se llena,
aunque sientes que te falta el aire.
Tu corazón se acelera
y siento tus latidos en las yemas de mis dedos.

La respuesta automática,
que tu instinto no duda en reclamar
es acercarse más;
no llegas a pegarte,
apenas te acercas a mi escalofrío,
y sin embargo
Lo sientes.

Bajas la mirada
buscas la mía,
como si fuesen tus ojos
los que quisieran confirmar todas tus dudas.

Pero entonces,
te das cuenta de las mías.
Y de nuevo tu instinto
puede más que mi fuerza de voluntad.
El rol cambia
y tu tomas las riendas.
Tu mano sube,
tímida y delicada
pero imparable.

Y llega hasta mis labios.
No los tocas,
apenas los rozas;
los dos sabemos que si lo haces
estamos perdidos.
Así que sigues bajando,
y siguiendo a tu dedo bajar por mi barbilla
te siguen mis ganas y mi decisión,
aunque siguen sin tocarse ninguno de los dos.

Llegando a su destino
tu mano se para en mi garganta,
que traga saliva
para controlar su impulso.

Y por fin
tu mano
se apoya.
Y encaja.
Como si siempre hubiese pertenecido al mismo lugar,
y no hubiese recorrido
otros lugares prohibidos.

Pero ahora está aquí otra vez
Y nada más importa.

Te miro.
Me miras.
Hay miedo, dudas, indecisión..
Pero hay ganas.
Esperanza.
Y deseo.
Que ganan la batalla.

Tu mano en mi garganta
se afianza en mi nuca
como para despertarme de mi trance
y para darte seguridad.

La mía se ha movido al tiempo
y se ha asegurado en tu cuerpo.

La batalla está perdida.
Hemos ganado por impulso y por instinto.
Nos hemos perdido del todo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Paso a paso

/

Prólogo